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Empresas innovadoras: Puremiel

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Puremiel

Variedad de mieles y modelo de envase que produce Puremiel. Foto cedida.

Puremiel es un buen ejemplo de como una empresa familiar puede aprovechar sus fortalezas, una tradición en el negocio de varias generaciones, y, con unas breves pero fundamentales innovaciones en la imagen de marca y en la orientación del producto al mercado, sortear un momento de crisis que estaba haciendo pasar por dificultades a la empresa.

Alfonso Gutiérrez fue el que fundó Puremiel en 2007 pero la apicultura llevaba arraigada en su familia varias generaciones, “mis bisabuelos tenían las colmenas en el huerto como un elemento más, para cambiarla por otras cosas”. Uno de sus usos en aquellos tiempos era para los casos muy persistentes de tos. En los años 40 y 50 trajeron unas colmenas más modernas y atrapaban enjambres silvestres para continuar la producción, “aprendiendo a golpes”, hasta que su familia consiguió una explotación bastante considerable, de más de 1.000 colmenas.

Ese es el punto de partida de Alfonso Gutiérrez cuando se hace cargo de la empresa familiar en el año 2000. “Un momento complicado”, recuerda, porque la crisis va a golpear duramente y con anticipación a su región: Prado del Rey y Ubrique. Allí la marroquinería tiene mucha relevancia y sufrió la competencia de productos muy baratos de facturación extranjera. También empezó a llegar mucha miel de fuera. “En ese momento pienso que hay que dar una vuelta de tuerca y mirar a otras zonas de España donde hay más consumo de miel y se paga mejor”, apostar por el mercado exterior. Tanto en el norte de la península, en Madrid, Barcelona, Bilbao o Galicia; como en el norte de Europa, en Alemania o Francia, hay más cultura de consumo de miel que en Andalucía.

La pregunta que se hizo Gutiérrez fue “¿cómo llego allí?”. El primer paso fue acercarse a la Camara de Comercio y adscribirse al Plan Internacionalización Pequeña Empresas que le abrió las puertas a algo de financiación, asesoramiento técnico y la posibilidad de acudir a ferias y viajes y a hacer estudios de mercado. El siguiente paso fue conseguir la certificación como producto ecológico que casi ninguna empresa de apicultura tenía previamente. Así pasó ciertos requisitos del Comité Andaluz de Agricultura Ecológica (CAAE), como ubicarse en un parque nacional (Puremiel produce en la sierra de Grazalema) o estar a cierta distancia de las ciudades. La certificación fue una buena forma de abrir puertas en el norte de Europa.

En Estados Unidos encontraron la forma de crear una imagen de marca potente, encontraron un diseño de envase “con una idea diferente, totalmente transparente, minimalista” y hablaron con empresas de diseño para encontrar un tarro con el mínimo de etiqueta, donde un producto con el color, el brillo y la textura de la miel puede hablar por sí mismo. Además de constituirse como sociedad limitada con Puremiel para que las empresas con las que negociaban “se fiaran”, el último paso fue localizar el producto a idiomas como el japonés o el árabe, además de los más usuales inglés o francés, contratando a otra empresa que hizo la traducción: “Por ejemplo el empresario japonés le gustaba mucho ver el producto traducido, hacías el 50% de la venta”.

Y así se completó la transformación de “un elemento más” del huerto en sus orígenes a un producto gourmet encontrando un mercado donde se lo valora de ese modo. La calidad la había tenido siempre, para Alfonso la apicultura es algo que conoce, ha vivido, desde pequeño: “La técnica que usamos para la recogida sigue siendo artesanal, le sacamos miel al panal cuando le sobra, no nos excedemos, las normas las ponen las abejas y no nosotros. Además en otras técnicas de recogida se utilizan sopladores de gasolina que pueden dañar a la colmena y a la miel. Nosotros la tratamos bien”. Además conocen la Sierra de Grazalema y tienen el saber necesario para crear las distintas variedades que ofrecen, algo que ejemplifica Gutiérrez con el azahar: “A mediados de marzo hay que trasladar las colmenas a una zona donde no haya mucha variedad de otras plantas y dejarla unos 20 ó 30 días allí”. La miel se manda después al laboratorio para ver qué porcentaje procede del polen de una planta y se cataloga por aroma sabor, color… Así produce sus variedades de azahar, brezo, encina, madroño, romero, o una conjunción de varios tipos como es la miel de bosque, la preferida en la empresa.

El producto “gusta” y está vendiendo en Estados Unidos, Francia, Suiza, Reino Unido, Hong Kong o en tiendas especializadas gourmet de los Emiratos Árabes o Dubái. Curiosamente, después de estar vendiendo más en el extranjero, ahora el mercado nacional ha ganado predominancia. También el esfuerzo empleado en dar esa “vuelta de tuerca”, que ha sido económico en gran parte, se ha visto recompensado por el premio provincial Andalucía Emprende a empresa consolidada.

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